20 marzo 2014

ciudades educadas vs ciudades groseras [o lo cortés no quita lo valiente]

Cuando se habla de ciudades bien podemos llenar hojas y hojas en publicaciones, organizar congresos, dedicarle titulares en los periódicos  y ponerle el nombre que en ese momento esté de moda, como ciudad sostenible o smart city. Se habla de nuevas tecnologías, de contaminación, de accesibilidad, de movilidad, de la arquitectura, de los espacios que crea o deja de crear, del paisaje urbano…


Cuando se habla de ciudades, cada vez más se habla también de sus ciudadanos: su calidad de vida, sus derechos, su necesidad de espacios para el ocio, sus hábitos condicionados por las características de su entorno… Pero pocas veces se habla de cómo los ciudadanos pueden colaborar en mejorar la ciudad, y cuando se habla no va más allá de su derecho [frustrado en muchas ocasiones] a tomar decisiones sobre ella.

Sin embargo no todo es exigir, y aquí, señores y señoras, la educación tiene mucho que ver. No todo lo que puede hacer el ciudadano por mejorar su ciudad es dar ideas y protestar para que no se hagan determinados proyectos. El que la mayoría de los ciudadanos sean educados hace mucho más agradable una ciudad de lo que se podría conseguir cambiando una plaza o realizando una encuesta sobre la necesidad de determinados usos. Y, de esto, no se habla.



El no tener que jugarte la vida cuando cruzas un paso de cebra como ocurre en muchas ciudades por muy civilizadas que creamos que son, se agradece, más aún si tienes movilidad reducida o vas más lento de lo normal y no puedes correr en caso de necesidad. También se agradece el que cualquier persona desconocida se pare a abrirte la puerta de una tienda porque ve que tienes dificultades para hacerlo, que al ser una persona mayor y entres en el autobús la gente se levante para dejarte su asiento y no se hagan los despistados disimulando no haberte visto, o que el primero que te vea que intentas bajar unas escaleras con un carrito de bebé te ayude sin darte la opción a que le digas que no.

Sólo algunos ejemplos para decir que con educación las barreras arquitectónicas son menos barreras, los problemas que surgen son menos problemas y la ciudad se transforma en un espacio increíblemente mucho más agradable. Si tuviésemos que poner un nombre para diferenciar unas ciudades de otras, sin duda y con un poco de cursilería, serían estos:

ciudades educadas vs ciudades groseras

Uno sólo se da cuenta de estas diferencias de comportamiento y de cómo afecta en la vida diaria cuando se empiezan a comparar ciudades vividas como un residente cualquiera, haciendo lo que hace cualquier vecino como coger el metro, ir a la compra o intentar mantener abierta una puerta de una cafetería con una parte del cuerpo mientras se intenta subir un carrito de bebé varios escalones con la otra. Y es entonces cuando sabes si estás en una ciudad educada o en una ciudad grosera, pero sobre todo, es cuando vives en una segunda ciudad, cuando eres consciente de si tu ciudad de origen, aquella a la que ya estabas acostumbrado, es una ciudad educada o, por el contrario y tristemente, es una ciudad grosera.

Al ser los ciudadanos más educados y estar más pre-dispuestos a ayudar al que lo necesite se reduce el estrés general, se reduce la contaminación acústica de la ciudad y aumenta la calidad de vida. Increíblemente esta característica se contagia al resto de los ciudadanos, igual que la mala educación y la falta de respeto se contagia también. Asimismo también podríamos hablar de vandalismo vs respeto por tu ciudad, pero eso ya va implícito en educación.

Cuando se diseña la ciudad uno se imagina espacios y como serán utilizados, vías para la movilidad de los residentes, zonas verdes… todo material. Luego llegan las personas y hacen la ciudad suya a su manera, y en eso nadie había pensado. Una ciudad en la que puedes pasear sabiendo que si tienes un problema alguien te va a ayudar es mejor ciudad que otra en la que la gente te mira mal si te paras donde no debes. Por ello cuando se habla de ciudad y de sus ciudadanos se debería empezar a hablar de su educación y de cómo pueden mejorar realmente el entorno donde viven.


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