3. Xerojardinería [15 actuaciones para un urbanismo sostenible]

Una práctica más bien desconocida en la cultura popular [y para muchos profesionales], pero que solucionaría muchos problemas de los que surgen en las zonas verdes que creamos artificialmente, además de favorecer la sostenibilidad. Esta práctica empezó en la década de los 80 para hacer frente a la sequía de la década anterior, y en los 90 fue cuando empezó a ser conocida en Europa (aunque muchos jardines históricos ya cumplían sus características). Aunque el bajo coste del agua unido a la percepción de encarecimiento de cualquier innovación, hace que no se encuentre justificado implantar el xerojardín sólo para ahorrar agua, un jardín con estas cualidades no sólo consume cuatro veces menos agua que uno normal, sino que también implica un cuidado ecológico utilizando productos fitosintácticos, reduciendo el mantenimiento, evitando el uso de agregados químicos y la intervención de maquinaria en jardinería para ahorrar el gasto de combustible y energía, con el consecuente ahorro económico y la educación indirecta medioambiental al ciudadano.


Mejoras sostenibles
Inconvenientes
Ahorro de agua
Inversión inicial en cambio de especies y rediseño
Ahorro económico por la necesidad de un menor mantenimiento y mayor vida de las especies.
Inversión en formación de los trabajadores
Reducción de la contaminación medioambiental al utilizar productos ecológicos y reducir (o eliminar) el uso de maquinaria.
Si sólo se realiza con el fin de ahorrar agua, es poco el resultado obtenido
Educación medioambiental



Mejoras de la calidad de vida de las personas

Educación medioambiental

Atmósfera menos contaminada y más limpia (salud)

Ahorro económico a la sociedad en mantenimiento

Ahorro económico a la sociedad en agua




Criterios 

Las siete pautas básicas para implementar la Xerojardinería fueron establecidas por el National Xeriscape Council. Fundación Ecología y Desarrollo, apartado “Agua–Dulce Eficiencia de agua en las ciudades” oct. 2009.
  • Planificar y diseñar del jardín, teniendo en cuenta el tipo de uso que va a tener y las condiciones propias del lugar: climáticas y microclimáticas, topográficas, edafológicas y vegetación existente.
  • Analizar el suelo, tanto físico y químico, como topográfico.
  • Seleccionar adecuadamente de las especies, prevaleciendo las autóctonas y agrupar las que tengan requerimientos similares (agua, luz…)
  • Realizar un uso eficaz del césped, reducir su superficie o sustituirlo por recubrimientos o tapizantes.
  • Regar de forma eficiente, diferenciando las zonas de riego elevado, moderado y bajo, distribuyendo las especies conforme a ello. El sistema más conveniente es el localizado (goteo y microaspersión),  dejando el aspersor para el césped y el manual para aportes puntuales necesarios.
  • Usar recubrimientos o “mulching” (orgánico o inorgánico)  para evitar la evaporación del agua, la aparición de malas hierbas, la erosión y la escorrentía superficial y proteger de las heladas.
  • Realizar un mantenimiento adecuado.