02 mayo 2014

ruinas vs decorado [o como el turismo afecta a las ciudades]

El hecho de que una ciudad se convierta en un escenario de teatro hace que pierda autenticidad. Normalmente transformada en una ciudad turística, en lugar de aceptar el paso de los años y obrar en consecuencia, muchas veces se someten a las ciudades a liftines convirtiéndolas en lugares totalmente artificiales. Estos casos suelen ir acompañadas de restaurantes destinados a turistas y de tiendas de productos típicos que acaban de definir el paisaje de la ciudad, obviando que en cualquier ciudad habitable es necesaria la existencia de tiendas de alimentación y de productos de primera necesidad.

Split con sus muros de piedra y toldos de terrazas para turistas


En otras situaciones ni siquiera es por el turismo, simplemente es por la creencia de la necesidad de dejar como nueva una ciudad para obtener su belleza. Y "dejar como nueva" incluye el hecho de intentar que luzca como recién construida sin contar todos los años que lleva detrás, y sin plantearse que para imitar la apariencia anterior a veces se hacen realmente destrozos estéticos como el hormigón impreso imitando pavimentos de piedra o chapados de piedra a modo de piedra en seco.



Sin llegar a esos extremos, en muchos casos se realizan verdaderos proyectos de rehabilitación dejando ciudades enteras tal y como debieron estar en su máximo esplendor, incluso más limpias, perfectas y estudiadas que entonces.

Comparando ciudades uno se plantea si es mejor renovarse o morir, y si realmente para renovarse es necesario la utilización de la cirugía estética, en lugar de abogar por la historia y el paso de los años. Sólo en ocasiones concretas tiene sentido intentar imitar las construcciones del pasado en su rehabilitación, mientras que en la mayoría de casos supone un mayor respeto por el pasado construir conforme el presente teniendo en cuenta el contexto en el que se encuentra y la historia que ha acontecido y ha llevado a los lugares a ser lo que son. El resulta final dependerá del gusto estético del proyectista y su acierto o error al combinar pasado y presente en un mismo lugar.

Hace años, en una viaje a Croacia, pudimos comparar Dubrovnik con Split, la ciudad con decorado artificial con la ciudad que había envejecido con el tiempo, la ciudad de líneas perfectas y tiendas de recuerdos con la ciudad en la que conviven ruinas, nuevos proyectos y vida normal. Las dos ciudades turísticas, pero cada una de ellas había llevado su convivencia con el turismo de manera opuesta.


Split


Carece de sentido reconstruir algo tal y como fue en una época distinta a la suya, salvo la de revivir la historia. Carece de sentido convertir una ciudad en un museo viviente sin dejarla avanzar hacia el futuro, salvo el de convertirlo en un parque de atracciones, algo que está ocurriendo con muchas de ellas.

Renovarse o morir... Sin embargo si para renovarse hay que quedar anclado en el pasado con apariencia de decorado, siempre nuevo, siempre impoluto, siempre perfecto... la ciudad va muriendo poco a poco, se pierde su alma y, una vez todo convertido en algo artificial, ni siquiera queda espacio para los fantasmas que invitan a soñar y recordar.



Proyecto actual en Split, que convive con su parte más antigua




















Dubrovnik, con la piedra limpia y perfecta, toda del mismo color


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